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Crianza Positiva

Mi hijo muerde ¿Qué hago?

7 pasos para aplicar crianza positiva

Mi hijo muerde ¿Qué hago? Este es un tema que preocupa a muchos padres y hoy, te cuento un poco sobre ello.

Mi hijo muerde ¿Qué hago?

Morder es una de las lecciones más importantes en la vida de un bebé, es una de las primeras cosas que aprende. La fase oral es una etapa importante del desarrollo. Morder el pecho de la madre o la tetina del biberón y el chupete son conductas muy comunes e incluso saludables. El bebé se relaciona primero con el mundo a través de la boca.

Por ello, Los niños muerden para conocerse y comunicarse. “Es natural, pero no se puede ignorar”

  • La boca, es fuente de descubrimientos. 
  • La boca recibe, siente y emite. 
  • Para los bebés todo es nuevo: Peso, tamaño, el sabor, las formas y texturas. 
  • Morder es parte de su universo. 

Y con la salida de los dientes nacen más novedades, los dientes son grandes aliados en este primer diálogo con el mundo y también emisores de señales que llegan antes que la palabra.

Entonces, la mordida es la forma de contacto sensorial con lo desconocido y la comunicación corporal que tienen los niños en determinada etapa de desarrollo

Desde esta perspectiva, podemos pensar que los niños muerden a otros niños, como lo hacen naturalmente con los objetos.

“Al morder un objeto, el niño puede percibir muchas cosas. La diferencia entre duro y blando, por ejemplo. Y cuando muerde a otro niño, también percibe otra  novedad que es el susto, el llanto o el asombro del niño al que ha mordido. El niño que muerde ¡Descubre que el otro reacciona, y para él es una gran aventura!

Morder puede ser fascinante. Tan fascinante, que el niño puede querer repetirlo.”

Y nos preguntamos, entonces los  “Mordiscos: son ¿agresividad o aprendizaje?”

Aunque los mordiscos son episodios comunes en entornos colectivos como guarderías y escuelas, no significa que deban ser ignoradas. 

Esto se debe a que, a diferencia de muchas otras formas de expresión no verbal que pueden pasar desapercibidas, el mordisco deja marcas y quien es mordido siente el “ñac” del otro en su piel. Aquí es donde comienza la investigación: ¿por qué mordió el niño?

 “Hay que entender que los niños no nacen sabiendo decir ‘estoy disfrutando esto’ o ‘no estoy disfrutando esto’. Es a través de las interacciones que perciben esta habilidad”.

Mi hijo muerde: Para muchos niños, morder es comunicar

El cansancio o el exceso de estímulos del entorno pueden favorecer las mordeduras. Por eso, además de las etapas naturales de la dentición y la exploración sensorial, uno de los primeros factores a observar es el entorno: Si las necesidades del niño están satisfechas, la mordida se convierte en una excepción. “Si estamos hablando de una buena oferta de condiciones y prácticas pedagógicas, no vamos a buscar las causas en el entorno, sino en el niño”.

Entre las causas más frecuentes de mordeduras en las guarderías se identifican situaciones de disputa por el espacio, la atención o los juguetes; reacción a una acción inesperada de otro niño; demostración de afecto, imitación de gestos observados en casa o enfado. 

Es decir, sin recursos verbales u otras habilidades para organizar sentimientos de deseo, afecto, frustración o ira, la ansiedad se transforma en mordida. 

No etiquetar

“Cualquiera que sea el factor que conduce a la mordedura, es necesario tener mucho cuidado de no etiquetar al niño como ‘mordedor’”, con el etiquetado, todo el mundo empieza a esperar que el niño vuelva a tener esa reacción, lo que puede aumentar su ansiedad y llevarlo a nuevos mordiscos, acentuando la conducta sin motivo aparente. Con un nuevo bocado se refuerza la idea de que es un “mordedor”. Y esto se convierte en un ciclo interminable

Ajá y ¿Qué podemos hacer?

Ante tantas motivaciones posibles, sabemos que ser mordido es fácil. 

Pero debe haber alguna receta para evitarlos, ¿verdad? 

La respuesta es no. 

Es habitual que las mordeduras se produzcan en un momento u otro, sobre todo en niños de entre uno y tres años. “La mordida es parte del desarrollo humano y, en general, va desapareciendo a medida que el niño presenta otras formas de comunicarse, como el habla”

Sobre todo, es importante observar a los niños dentro de un conjunto de acciones y no solo identificarlos en el momento de una conducta inadecuada.

Debemos tratar esto con naturalidad, acoger  a quien es mordido y mostrar al niño que ha mordido que ese comportamiento causa dolor, utilizando expresiones faciales de desaprobación, tristeza o mostrando la marca dejada en el otro. 

Es importante recalcar que los niños que muerden a otros no siempre expresan agresión

Hasta los 2 años, más o menos, el niño no sabe identificar lo que siente ni ponerlo en palabras. Así que morder puede ser una forma de desahogar las emociones. “Lo importante es entender qué quiere decir el niño con ese mordisco y darle herramientas para que lo demuestre de otras formas”.

Morder a los compañeros en la escuela es muy común.

El mordisco no siempre significa la expresión de ira o agresión. A veces, el niño hace esto para llamar la atención de alguien o cuando necesita que lo noten. Por eso es muy importante observar su comportamiento. Acoger a quien fue mordido como habíamos dicho antes, sin ignorar a quien mordió es una estrategia para superar el problema. Pero el agresor necesita saber que la actitud causó dolor en el otro, siempre con calma y amabilidad.

La buena noticia es que pasa. Esta etapa pasa.

Pasados ​​estos primeros años de vida, morder a otros es mucho menos frecuente. Un niño de 3 o 4 años ya puede explicar mejor lo que siente. Por eso, lo ideal, en estos casos, es animar al niño a hablar. En los más pequeños, la capacidad de expresar sentimientos aún no está formada, por lo que una forma de ayudarla es contándole historias al respecto. Luego se crean situaciones en las que ella puede hablar.

No olvidemos que “La mordida es una forma de que un niño se relacione con el mundo. El punto es enseñarle que puede hacer otras cosas en lugar de morder”

Los mordiscos pueden convertirse en un dolor de cabeza para los padres. Pero, ¿sabías que los niños muerden por varias razones? Entonces, ¿Cómo actuar con el niño que muerde?

La fase de morder puede convertirse en un dolor de cabeza, especialmente cuando es tu hijo quien lo provoca, ¿verdad? Y, por otro lado, tampoco es fácil ver a nuestro niño siendo víctima de un mordedor. Pero, para simplificar un poco el asunto, hablemos de qué puede haber detrás de este comportamiento y cómo actuar con el niño que muerde.

Para empezar, ten en cuenta que morder o ser mordido es algo que puede pasar, sobre todo hasta los 3 años. Y esta “fase” puede durar hasta los 4 o 5 años. Sin embargo, si continúa más allá de esa edad, es necesario investigar qué está pasando.

“Primero, necesitamos entender la. Comprender la edad del niño. Entonces es importante entender el motivo que lo ha llevado a morder. 

¿Es porque está emocionado? ¿Aburrido? ¿Con rabia? 

Porque tendemos a ver el mal comportamiento como algo aislado, pero existe dentro de un contexto. ¿Cuál es el contexto en el que se inserta este mordisco?”

Hasta que aprenden a hablar, los niños usan otros medios para comunicarse. El mordisco es uno de ellos. 

En la fase oral, según el psicoanalista Sigmund Freud, los pequeños expresan descontento, alegría y otras emociones a través del cuerpo y, hasta los dos años, la boca es la que más descubrimientos aporta. 

El niño tiene su primera experiencia con el mundo a través de la boca, en contacto con el pecho de la madre, el chupete y el biberón, que le proporcionan el placer de saciar el hambre y calmarse.

Y si en este primer momento los bebés “experimentan” el mundo a través de la succión, luego utilizan los mordiscos para apropiarse de lo desconocido. Por ello, es habitual en esta etapa que los niños se lleven las manos y los pies a la boca, así como juguetes y otros objetos.

Además de vigilar el comportamiento de los pequeños para evitar que se lastimen o se traguen algo que conlleve riesgos, los padres y educadores deben estar atentos a los mordiscos. 

Cuando el niño muerde a un compañero de juegos, por ejemplo, no quiere atacarlo, sino agarrar rápidamente algún objeto o simplemente llamar la atención.

Según el psicólogo Jean Piaget, esta etapa sensoriomotora se caracteriza por un movimiento de acción y reacción, el pensamiento se adelanta al lenguaje y expresarse a través del cuerpo es muy natural. 

Esto lleva a los pequeños a utilizar los mordiscos en diferentes situaciones, para evaluar el efecto del acto. Muerden para ver qué pasa, si consiguen lo que quieren y cuál es la reacción del otro.

Con el tiempo, otras funciones sensoriales toman el lugar de la boca y las actividades desarrolladas en casa y en la escuela son esenciales para ayudar en esta transición. Masajes corporales; estímulos con música, sonidos de animales y ruidos que son parte de la vida cotidiana, como bocinas, pasos y aplausos; y el uso de objetos de diferentes colores, formas y texturas puede agudizar otros sentidos y, al estimular otras partes del cuerpo, se despiertan nuevas sensaciones, desviando el foco del placer sólo a través de la boca.

Pero los niños no nacen sabiendo morder, pellizcar, abofetear, tirar del pelo o cualquier otra reacción similar. Aprenden en relación con otros niños y con adultos. Los padres suelen jugar a morder a sus hijos, a pellizcarles la mejilla o a darles palmaditas en el trasero. Estas actitudes, aunque las hacemos sin mala intención, pueden confundir a los más pequeños, quienes replican los mismos juegos y acciones.

Corresponde a los padres, por tanto, poner límites y mostrar la importancia de respetar a los demás. 

La escuela, por su parte, debe mediar en las relaciones entre los niños, para minimizar los sentimientos negativos expresados ​​por “quién mordió y quién fue mordido”. Lo que no puedes ignorar es esta etapa del desarrollo infantil.

Es importante identificar el motivo del comportamiento y mostrar otras formas de expresión. Así, se enseñan las normas de convivencia . Después de todo, la vida diaria y la educación son una calle de doble sentido.

¿Por qué mi hijo muerde?

Muchos padres me preguntan: No entiendo por qué mi hijo muerde. Te cuento algunas razones:

FASE ORAL

Hasta alrededor de los 18 meses/2 años, el niño se encuentra en la fase oral. Es decir, durante este período buscará comprender y reconocer el mundo que le rodea a través de su boca. Por eso, en esta etapa es normal que los pequeños se lleven todo a la boca y, en este contexto, también pueden ocurrir mordiscos.

NACIMIENTO DE DIENTES

Otra fase que puede llevar al bebé a morder es la salida de los dientes. Sí, porque la encía tiende a picar y se muerden para aliviar esta molestia.

MOSTRAR AFECTO

Aunque nos parezca mentira, ¡Los niños pueden morder para mostrar afecto! ¿Sabes cuando los adultos miramos a ese bebé y queremos morderlo? Bueno, lo mismo sucede con nuestros hijos. Solo que, como no pueden contenerse, pues, acaban mordiendo.

PARA RESOLVER CONFLICTOS

Además, algunos niños utilizan los mordiscos para resolver sus propios conflictos, durante las rabietas , por ejemplo. Es decir, en una disputa por un juguete, un lugar en el columpio, entre otras cosas. 

POR NO PODER EXPRESAR

Otra razón muy común para morder es que los niños no pueden comunicarse correctamente. Como no saben hablar y expresar lo que sienten, pueden morder para demostrarlo. 

 PARA LLAMAR LA ATENCION

Esta es también una de las razones por las que tu hijo puede morder: para llamar la atención . Esto se debe a que, debido al ajetreo diario, muchos padres no dedican un tiempo a estar con el niño en exclusiva. Por ello, recurre a medidas extremas para conseguir esa atención que necesita, ya sea  mordiendo, golpeando, etc. La atención negativa sigue siendo atención”. ¡Piense en eso!

DEL HAMBRE, DEL SUEÑO, DEL CANSANCIO

Sí, el niño puede morder porque tiene hambre, está cansado, tiene sueño e incluso está bajo una estimulación excesiva, por ejemplo. Por lo tanto, vale la pena evaluar el estado de tu hijo en el momento de la mordedura. Porque puede estar queriendo demostrar que algo no está bien.

¿Cómo debo actuar?

En definitiva, lo que se puede hacer es prevenir la mordedura, reconduciendo al niño; enseña a tu hijo a ayudar a los que han sido mordidos; ayudarlo a comprender y nombrar los sentimientos ; explicar que lo que hizo no fue agradable; y a proporcionar alternativas de comportamiento. Por ejemplo:

Si está en la FASE ORAL Y DENTICIÓN

Por ejemplo, si tu bebé está en esta fase oral, dale algo que pueda masticar. Explica que no podemos morder a las personas y ofrecerles un juguete.

PARA EL NIÑO QUE MUERDE POR CARIÑO

Si tu hijo es de los que muerde para demostrar cariño, cuando muerde, dices “Besito, hijo, un besito”. 

HACER UN POSTER

Los niños son muy visuales, ¿no? Entonces, ¿Qué tal preparar un póster para que entienda lo que puede hacer con la boca? Cantar, besar, hablar, comer… Esto ayudará especialmente a los más pequeños.

PONER EL EJEMPLO

Otro consejo importante es: Evita morder a tu hijo, aunque sea por diversión, porque están jugando. Y sobre todo evita morder al niño cuando te muerde a ti. ¡Recuerda que tú eres el modelo, tú eres el ejemplo que tu niño seguirá!

Mi hijo muerde

HABLAR Y OFRECER RECURSOS PARA LIDIAR CON LOS SENTIMIENTOS.

También habla con el niño sobre las emociones que lo llevaron a morder. Y aconseja, dependiendo de su edad, qué puede hacer cuando esos sentimientos vuelvan a surgir.

¡Ah, y no hace falta decir que golpear a tu hijo, gritarle o castigarlo no va a ayudar! Además de romper el vínculo entre madre/padre e hijo, demuestras que es con la violencia y el aislamiento que se resuelven los problemas

Asimismo, si su hijo fue mordido, enséñale a decir que no le gustó. Indícale que busque al adulto responsable y no le digas que debe devolver el mordisco. 

Y por último, si notas que tu hijo muerde demasiado, entonces es el momento de buscar el consejo de un psicólogo para que pueda ahondar en lo que está pasando.

Crianza Positiva

Johannes Ruiz Pitre

Madre de familia numerosa. Neuropedagoga certificada en Disciplina Positiva para Padres y Profesores. Especialista en Inteligencia Emocional en la primera infancia. Asesora certificada en sueño infantil. Autora del Libro "El amor no malcría"

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